King Kong, viva el espectáculo.
Un espectáculo absoluto. Ríes, te asustas, te sorprendes, te agachas en el asiento para escapar de unos monstruos prehistóricos asquerosos, te emocionas, comes palomitas, se te olvida comer las palomitas porque tienes la boca abierta. En resumen, un flipe.
La película de Peter Jackson utiliza los efectos especiales dentro de una historia que engancha, que tiene consistencia, a diferencia de La guerra de los mundos. Y es que por mucho que la mona se vista de seda... pues eso.
